0db4cf60-0b3d-11f1-b5e2-dd58fc65f0f6

Reddick asalta la Daytona 500 en la última vuelta, Herbst la revienta contra el muro y Keselowski roza la épica con el fémur roto.

Hay carreras que se ganan por ritmo. Otras por estrategia.
La Daytona 500 de 2026 se ganó por instinto.

Porque lo del último giro no fue una maniobra. Fue supervivencia.

Con la bandera blanca en el aire, Carson Hocevar mandaba. Un giro después, estaba fuera de la conversación. Chase Elliott tomó el relevo con ayuda de Zane Smith. Y cuando parecía que todo quedaba entre ellos, apareció el empujón decisivo.

El de Riley Herbst a Tyler Reddick.

Reddick pasó de tercero a primero saliendo de la curva 4. Tres coches en paralelo. Cuatro carriles abiertos. Y detrás, Brad Keselowski lanzado como un misil por fuera.

Herbst miró por el retrovisor y tomó la decisión que define Daytona: bloquear o perder. Bloqueó tarde. Golpe seco contra el muro. El sueño desapareció en cuestión de metros. Keselowski también salió tocado.

Y mientras todo explotaba detrás, Reddick cruzaba la meta.

Lideró una vuelta. La única que importa.

Un triunfo que pesa

La victoria no es solo suya. Es de 23XI Racing, el proyecto de Michael Jordan y Denny Hamlin. Tres coches en el top 10. Trabajo en bloque. Empujones coordinados. Mentalidad fría cuando el caos era inevitable.

Reddick venía de un 2025 durísimo, sin victorias y con problemas personales que le apartaron del foco competitivo. Cuando dijo que su hijo le preguntó antes de la carrera si por fin iba a ganar, Daytona ya había escrito el guion.

No fue la carrera más limpia. Fue la más honesta.

Herbst: de héroe a titular por el golpe

Herbst hizo lo que se espera en Daytona: arriesgar. Pasó del 15º al grupo delantero en la última vuelta. Leyó el movimiento de Keselowski. Intentó cerrarle la puerta.

Pero en superspeedway no se bloquea a medias.

Su octavo puesto oficial no refleja lo cerca que estuvo de convertirse en ganador de la 500. Tampoco refleja la frustración de Keselowski en pit lane, convencido de que tenía carrera para ganar.

Y ojo con el contexto: Keselowski compitió con un fémur fracturado hace apenas ocho semanas tras un accidente doméstico. Se perdió el Clash para recuperarse. Volvió. Y terminó quinto. Eso también es competir al límite.

Daytona no perdona

Las etapas ya habían sido un aviso. Accidentes múltiples. Más de veinte coches implicados en el segundo stage. William Byron fuera de combate cuando buscaba un triplete histórico. Estrategias de combustible al milímetro en el último stint.

Con cuatro vueltas por delante, el grupo seguía compacto. Treinta coches separados por un segundo. Y cuando llegó el reinicio final, solo había una certeza: alguien iba a salir destrozado.

Le tocó a Herbst. A Hocevar. A varios más.

Reddick salió limpio.

Y en Daytona, salir limpio ya es media victoria.

La NASCAR Cup se va de Florida con una carrera que no se explica con estadísticas. Se explica con imágenes: tres coches en paralelo, un bloqueo desesperado y un Toyota escapando mientras todo arde detrás.

Eso es Daytona.
Y 2026 ya tiene su final icónico.

About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *