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Fernando Alonso Singapur (Aston Martin)

Hay pilotos que ganan campeonatos. Otros que ganan carreras.
Y luego está Fernando Alonso, que ganó algo más grande: a toda una generación.

Han pasado más de veinte años desde que su nombre apareció por primera vez en la parrilla, y todavía seguimos hablando de él con la misma emoción de entonces.
Su figura trascendió la Fórmula 1. Fue más que un piloto: fue un símbolo, una bandera, un latido común.
Y ahora, mientras 2025 se apaga lentamente y el horizonte de 2026 se acerca, el mundo empieza a aceptar que quizá su historia en la F1 se acerca a su última vuelta.

Yo crecí viendo su casco y el rugido de los V10. Recuerdo levantarme de madrugada los domingos, aún medio dormido, solo para ver cómo ese tipo asturiano hacía cosas que parecían imposibles. En aquel momento no entendía de estrategias, ni de degradación, ni de diferencias de neumáticos. Solo sabía que Alonso corría, y que cuando lo hacía, todo era distinto.

Han pasado más de veinte años desde entonces. Y todavía seguimos aquí, pendientes de lo que diga, de lo que haga, de si seguirá o no después del año que viene.
Porque Fernando Alonso no es solo un piloto más: es el motivo por el que muchos descubrimos la Fórmula 1.
Y ahora, por primera vez en mucho tiempo, parece que su final puede estar cerca.

El adiós “temporal” que no fue tal

En 2018, tras la etapa tortuosa con McLaren-Honda, Alonso anunció que dejaba la Fórmula 1. Fue un momento cargado de simbolismo: carente de victorias, con un coche que no respondía, las críticas resonaban. Muchos lo interpretaron como un final definitivo.

Sin embargo, apenas dos años después volvió con Alpine, reconstruyendo su presencia en el paddock. Su despedida en Abu Dabi 2018 fue el cierre de capítulo, pero no de la historia.

Abu Dhabi 2018 (Sutton Images)

Ese “hasta luego” fue aceptado por algunos con alivio —quizá lo veíamos demasiado desgastado—, y por otros con incredulidad. Pero Fernando nunca dejó de ser Fernando: volvió, más maduro, más estratégico, más consciente de su legado.

Volvió porque no sabía estar lejos. Porque la competición seguía llamando.
Porque no había terminado
.

En una entrevista reciente, dijo algo que lo resume todo:


“Si las cosas van bien, 2026 podría ser un buen momento para parar. Si no van bien… será difícil rendirse sin volver a intentarlo.”

Esa frase encierra su esencia. Alonso no se rinde. Nunca lo hizo.
Ni cuando los coches no acompañaban, ni cuando los proyectos se torcían, ni cuando medio mundo lo daba por acabado.
Su carrera ha sido una sucesión de renacimientos. Y por eso, aunque 2026 suene a despedida, nadie se atreve a creer que lo será de verdad.

El último gladiador

Con 44 años, sigue siendo el piloto con más Grandes Premios en la historia.
Ha compartido pista con leyendas de tres generaciones: Schumacher, Hamilton, Verstappen.
Y lo más impresionante no son los números, sino la sensación de que todavía podría ganar si el coche estuviera a la altura.

Fernando es el último de una estirpe: un corredor forjado en el sacrificio, en el talento natural y en la obsesión por el detalle.
Cada vez que se sube al coche, transmite algo que pocos logran: esa mezcla de fiereza y calma que solo los verdaderos campeones dominan.

Por eso cuesta tanto imaginar una Fórmula 1 sin él.
Porque cuando se apague su motor, también se apagará una forma de entender las carreras.

El hombre que cambió la Fórmula 1 española

Hay una generación que empezó a amar este deporte por su culpa.
Niños que hoy son adultos, periodistas, ingenieros o simples aficionados que aprendieron a madrugar los domingos, a gritar con cada adelantamiento, a creer que la F1 también podía ser nuestra.

Yo soy uno de ellos.
Recuerdo levantarme antes del amanecer para ver a aquel asturiano enfrentarse a Schumacher.
Recuerdo los gritos de 2005, los saltos de 2006, las lagrimas de 2012 y el silencio de los años duros.
Y sobre todo, recuerdo que incluso cuando no ganaba, seguíamos allí.
Porque con Alonso no se trataba solo de victorias, sino de emoción.
De creer en lo imposible.

Fernando Alonso se proclama campeón de Formula 1 en el GP de Brasil 2005 (Getty Images)

Antes de Fernando, España no tenía cultura de Fórmula 1.
Después de él, teníamos banderas, foros, retransmisiones masivas y niños que soñaban con ser pilotos.
Él cambió la forma en que entendimos este deporte. Lo volvió emocionante, cercano, nuestro.

Su legado no está solo en los dos títulos, sino en la forma en que convirtió cada adelantamiento en un grito colectivo. En cómo inspiró a Carlos Sainz, a Marta García, y a tantos otros que crecieron viéndolo. En cómo llenó los circuitos de banderas azul y amarillo.

Puede que cuando se retire, el silencio sea incómodo. Que echemos de menos sus radios, sus mensajes crípticos, su eterna mala suerte y su sonrisa después de un podio improbable. Pero también sabremos que lo dimos todo con él.

Rival, líder, mito

Fernando Alonso no fue un piloto fácil.
Chocó con equipos, desafió jerarquías y encendió guerras internas que hoy son leyenda: aquella temporada 2007 junto a Hamilton, los duelos con Vettel, las luchas imposibles contra coches invencibles.
Pero precisamente ahí está su grandeza.
Alonso fue un rival incómodo porque nunca aceptó el papel de víctima.
Y eso, en un deporte dominado por estructuras, lo convirtió en un mito.

Sus radios, su ironía, su forma de mirar a cámara después de un resultado imposible… todo en él parecía sacado de una historia demasiado buena para ser real.
Y aun así, lo fue.

Lo que viene después

Si 2026 marca el final, no será el fin del camino.
Fernando siempre ha sido más grande que la Fórmula 1.
Ya conquistó Le Mans, probó suerte en Indianápolis y hasta desafió el desierto en el Dakar.
Y muchos creen que aún le queda una última aventura por escribir.

Quizá vuelva a la resistencia.
Quizá busque cerrar el círculo con la Triple Corona.
O quizá, simplemente, decida que ya es hora de mirar desde el muro y ver cómo otros persiguen el mismo sueño que él mantuvo vivo durante dos décadas.

Sea cual sea el destino, lo afrontará como siempre: sin miedo, con ambición y con esa calma de quien ya lo ha hecho todo… y aun así, sigue queriendo más.

Gracias por quedarte tanto tiempo

Quizá lo más increíble de todo no fue que ganara.
Fue que siguiera. Que, después de todo, aún tenga la misma mirada que en 2005.
Que siga creyendo que puede ganar, aunque el mundo entero piense que no.

Y sí, llegará el día en que diga basta. Que se quite el casco, se suba al muro de boxes y mire a la grada una última vez.
Ese día dolerá, porque no será solo el adiós de un piloto. Será el fin de una era que comenzó en cada salón de cada casa española, cuando un niño señalaba la pantalla y decía: “yo quiero ser como él”.

Fernando Alonso (Aston Martin)

Fernando, qué bueno que viniste

Porque sin ti, muchos no habríamos descubierto lo que significa de verdad amar este deporte.
Porque fuiste el motivo, el orgullo y la inspiración.
Porque cuando te vayas, dejaremos de mirar el semáforo con los mismos ojos.
Porque, pase lo que pase, siempre habrá una vuelta más en la memoria que recordaremos contigo.

Y cuando el semáforo se apague por última vez, sabremos que fuimos testigos de algo irrepetible.
De un hombre que corrió más allá del tiempo.

Gracias, Fernando.
Qué bueno que viniste.

Y qué suerte la nuestra de haberte visto correr.

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